El Congreso de Estados Unidos ha decidido derogar las garantías de privacidad en internet de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) aprobadas en los últimos días de la Administración Obama.

Trump ya ha rubricado la controvertida derogación, que permite a los proveedores de internet almacenar y vender los historiales de navegación de los usuarios. La normativa anterior, sin embargo, exigía que estas compañías obtuvieran el permiso de sus usuarios antes de recopilar esos datos y venderlos a anunciantes o terceras partes.

La medida beneficia así a gigantes de las telecomunicaciones como Verizon, Comcast o AT&T, que pretenden aprovecharse de esos datos para personalizar los anuncios a sus clientes. Una medida que demandaban, según sus argumentos, porque Google o Facebook ya disfrutan de ella.

Ahora bien, ¿qué supone realmente para los estadounidenses esta nueva normativa que podría perjudicar a su privacidad? ¿Cómo está protegido el Viejo Continente? Aclaramos los detalles de esta polémica medida que beneficia a los operadores.

¿Qué consecuencias puede tener?

Antes de que se aprobara esta nueva ley, la Electronic Frontier Foundation, una organización sin ánimo de lucro que aboga por los derechos y libertades en internet, describió algunas posibles consecuencias de la normativa.

Obviamente, vender datos sobre la localización, la demografía o el historial de búsqueda de los usuarios a los anunciantes es una de las medidas más alarmantes. La FCC también protegía en la normativa anterior información financiera del usuario, datos relacionados con la salud, números de la seguridad social o información infantil que ahora podrá ser recopilada por los proveedores de servicios sin el beneplácito explícito del usuario.

Además, la EFF teme que estas compañías puedan llegar a secuestrar las búsquedas de los usuarios. En 2011, un estudio ya demostró que algunos proveedores de servicios estaban redirigiendo el tráfico de búsquedas de determinadas palabras a claves a páginas web de algunas marcas.

Un temor aún mayor es que los proveedores utilicen sus conocimientos sobre el tráfico de los usuarios y sus búsquedas para ofrecerles anuncios basados en publicidad personalizada, como algunos proveedores ya habían hecho con anterioridad.

Que las compañías preinstalen ‘software’ en nuestro teléfono para almacenar todas las URL que visitamos o que inyecten ‘cookies’ para registrar todo nuestro tráfico en conexiones no cifradas (“http://”) son otros de los escenarios preocupantes.

Ahora que la derogación ha sido ratificada con los votos de los congresistas republicanos, la EFF también ha ofrecido algunas medidas para que los usuarios protejan su privacidad. Escoger un proveedor que la garantice -si bien en muchas zonas no tienen demasiadas alternativas-, instalar la extensión HTTPS Everywhere para cerciorarse de que la conexión es segura o conectarse a través de una red VPN en ciertas ocasiones son algunos de sus consejos.

Ahora bien, puede que los estados reaccionen con sus propias normativas: en Minnesota ya se ha aprobado una legislación que impediría a los proveedores de servicios almacenar información personal sin el consentimiento de los clientes.

Eso sí, en la Unión Europea, nuestra privacidad sí está, de momento, a buen recaudo. Ya ha entrado en vigor un reglamento europeo de protección de datos que prohíbe este tipo de actuaciones: se reclama el consentimiento expreso de los usuarios para que los operadores puedan vender los datos.

 

Fuente
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